Quién inventó las palomitas de maíz

Todos nos hemos planteado en alguna ocasión quién inventó las palomitas de maíz, un aperitivo tan sano como sencillo de preparar, y que sin embargo en las salas de cine se vende a precio de oro. Lo más probable es que su descubrimiento fuera fortuito, sin embargo unas investigaciones recientes señalan que en Peru se comían palomitas de maíz desde hace casi siete mil años, y en Mexico desde hace unos nueve mil años.

También es curioso, ya que aunque compartimos idioma con la mayor parte de latino américa, lo que en España conocemos como palomitas de maíz, allí se conoce como cotufas (Venezuela), crispetas (Colombia), pororó (Bolivia), cabritas (Chile), o rositas (Cuba) – por mencionar algunos –.

Por lo que se sabe hasta ahora, el consumo de maíz se remontan a Mexico hace unos nueve mil años, y por lo que se ha averiguado recientemente, tardó unos dos mil años en llegar a sur américa donde evolucionó en diferentes variedades. En el Mexico de hace nueve mil años ya se consumía maíz de diferentes maneras, e incluso en forma de harina.

También los pueblos que vivían a todo lo largo de la costa peruana comieron palomitas de maíz muchos antes de lo que se pensaba, y mucho antes de que la alfarería se desarrollara por esta zona de la costa del pacífico. Al parecer, los restos que se han encontrado (mazorcas, espigas y demás) datan de entre 3000 y hasta 6700 años antes, e indican que los habitantes de estas áreas consumían el maíz de muchas maneras diferentes, si bien aún no era tan importante en su dieta.

Estos nuevos hallazgos desligan la idea de que el maíz y su uso gastronómico estaba relacionado con la aparición de la alfarería que permitía crear vasijas y todo tipo de recipientes.

Con esto ya nos podemos hacer una idea de dónde o quién inventó las palomitas de maíz, y por si te preguntas por qué explota el maíz de esta manera, te cuento que esto se debe a que al calentar el maíz, también calentamos la pequeña cantidad de humedad de contiene el grano, y cuando esta alcanza el punto de ebullición hace reventar la corteza externa haciendo que el relleno acabe en el exterior con esa forma blanca esponjosa tan apetecible.